Doña Dora frente al mural del Compás pintado en la pared de la casa

Historia

Una familia con alas

Dora Alicia Londoño llegó al Cañón de Anchicayá buscando dónde quedarse. Lo que encontró fue un negocio que hoy vive de las aves que cuida.

El video

Doña Dora, por Colombia BirdFair

Carlos Mario Wagner, que fundó el Colombia BirdFair y acompañó el proyecto desde temprano, grabó este corto en 2019. Son tres minutos y medio con Dora contándolo ella misma.

1998

Un lugar donde quedarse

Dora Alicia Londoño nació en Sevilla, Valle del Cauca, y se crió en los Llanos Orientales en plena guerra. De ahí en adelante le tocó moverse: Cajamarca en el Tolima, otra vez los Llanos, la vereda Bolo Azul, el Queremal. Desplazada cada vez.

En 1998 llegó al Cañón de Anchicayá, entre Dagua y Buenaventura, y esta vez se quedó. Del cañón dice que se siente «libre en este lugar».

La casa

De plástico, a bahareque, a barro

Lo primero fue un ranchito de plástico a la orilla de la vía. Después lo levantó en bahareque. Después en barro. La finca quedó con el nombre de El Descanso, que es justo lo que uno busca en el kilómetro 55 de una carretera de montaña.

Por ahí bajaban los camiones al puerto de Buenaventura, y a ellos les cocinaba: almuerzo, tinto, empanadas. Comida para el que iba de paso.

2010

La tabla con plátanos

En el patio hay un árbol de Ficus que, cuando carga, se llena de aves. Los que paraban a almorzar lo notaron antes que nadie, y por recomendación de ellos, en 2010, Dora puso una tabla con plátanos al lado de la carretera.

Con la fruta llegaron las tángaras, las tucanetas y el compás, y con las aves empezaron a llegar fotógrafos, biólogos y observadores de otros países. La tabla se volvió comederos de verdad.

La familia

Los murales los pintó Elber

Esto no lo lleva Dora sola: están don Luis, su esposo, y los hijos y nietos —Elber, Heiler, Daniela, Sofía, Heidi—. Elber, que además fotografía aves, pintó los murales que cubren las paredes de la casa. El del compás, al lado de la cocina, es el que todo el mundo fotografía.

Con lo que fue dejando el aviturismo la casa creció por partes: primero los comederos y el corredor, después las habitaciones para los que querían amanecer ahí, y al final la terraza, a la altura del dosel del Ficus. Colombia Birdfair, y Carlos Mario Wagner en particular, empujaron el proyecto desde temprano.

Hoy

El kilómetro 55

«Doña Dora» es hoy parada fija en los itinerarios de aviturismo del Valle, al lado del Km 18 y La Florida. En eBird el sitio figura como «Alto Anchicayá - El Descanso (Doña Dora)», y los visitantes la dejaron en 4,8 estrellas con más de 300 reseñas en Google.

La casa, en cambio, sigue siendo la misma: ocho camas, una huerta atrás y una mesa larga donde todo el mundo desayuna al tiempo. Lo que cambió es quién se sienta en esa mesa: ahora llegan de Estados Unidos, de Europa y de Asia, con teleobjetivos, a ver un ave que allá no existe.

«Esa amabilidad con que te atienden, la buena sazón en sus comidas y ante todo el acercamiento que vas a tener con las aves que frecuentan el lugar.»
Diego Ortiz, visitante

Cuidar el bosque de atrás

Poner fruta todos los días también significó cuidar el bosque de donde salen las aves, y con él los insectos y las flores del cañón. En esta misma cuenca vive la rana Oophaga lehmanni, endémica y en peligro crítico, y la gente de la zona trabaja para que no se la sigan llevando.

El libro

Doña Dora, una familia con alas

La historia completa la escribió Elber Sánchez Londoño, el hijo de Dora, y la publicó Ensifera. Son 160 páginas contadas desde adentro: la casa a la orilla de la carretera al Pacífico, y la perseverancia y el trabajo comunitario que la volvieron uno de los puntos de observación de aves más importantes del país.

Dónde conseguirlo

Ven a verlo

La casa está abierta todos los días, de 6 de la mañana a 6 de la tarde.