
Por el día o por varios días
Comederos y fotografía
Los puestos de observación, abiertos desde las 6 de la mañana. Es el plan para quien viene a fotografiar con tiempo y con luz.

Queremal · Dagua · Valle del Cauca
El sitio donde el Compás se deja fotografiar a tres metros.
El lugar
La finca se llama El Descanso y queda en el kilómetro 55 de la antigua Vía al Mar, la carretera que llevaba de Cali a Buenaventura antes de que abrieran la nueva. Dora cocina ahí desde 1998. Uno llega, se sienta en el corredor y los emplumados bajan a comer a pocos metros de la mesa.
La fruta se pone todos los días: papaya, guayaba, banano y maduro para las tángaras, y los bebederos para los colibríes. Esa constancia, sostenida desde 2010, es la razón de que las aves lleguen a la hora que llegan y de que el compás se deje ver casi a diario.
La casa queda a 1.300 metros de altura, en plena vertiente pacífica. Llueve seguido y hace 22 grados casi todo el año. Esa humedad es la razón de la cantidad de especies: aquí se cruza la avifauna del Chocó biogeográfico con la de los Andes occidentales.
Se abre todos los días, de 6 de la mañana a 6 de la tarde. Se puede venir por el día o quedarse a dormir; son cuatro habitaciones. Lo lleva la familia completa: Dora, don Luis, y los hijos y nietos.


El ave de la casa
Semnornis ramphastinus · tucán barbudo, o compás
Siete colores que se reconocen de una vez: la corona negra, la cara gris, el pecho rojo, los flancos dorados, el dorso oliva, el pico pálido y la línea blanca sobre el ojo.
Tiene un canto con ritmo sinfónico, un cloqueo que usa cuando encuentra comida y un click corto para llamar al pollito mientras lo alimenta. El pico le funciona como herramienta de corte: con él perfora troncos secos para hacer el nido. Así lo cuenta Dora, que lleva dieciséis años viéndolo todos los días.
Es un ave del Chocó: solo vive en la vertiente pacífica de Colombia y el occidente de Ecuador. En Doña Dora se ve casi todos los días, a pocos metros, sin escondite y sin esperar.
¿Alguna vez has visto un Compás antes? Te va a sorprender.
Dónde se observa
La casa está pensada por niveles: cada piso da a una altura distinta del bosque, y a cada altura llegan aves distintas.
Primer piso
Aquí llegan el Compás, las tángaras, las asomas, las eufonias y los trepatroncos.
Terraza
Ermitaños, coronitas, esmeraldas y colibríes de cola larga, entrando y saliendo todo el día. Enfrente queda el dosel del Ficus.
Sendero
700 metros de sendero, dificultad media, hasta el escondite frente al lek del Gallito de roca andino.
El árbol que empezó todo esto sigue ahí, enfrente de la terraza. Cuando está cargado es el mejor lugar del sitio: las aves de dosel comen a la altura de los ojos.


Cuando cae la tarde cuelgan plátanos cerca de las ramas y bajan los mamíferos del bosque. Desde la terraza se ven a pocos metros.
Experiencias
Todo se coordina directo con la familia. Las tarifas dependen del grupo, de los días y de si se incluye alimentación; se consultan por WhatsApp.

Por el día o por varios días
Los puestos de observación, abiertos desde las 6 de la mañana. Es el plan para quien viene a fotografiar con tiempo y con luz.

Sendero de 700 m · dificultad media
Un lek es la zona donde los machos se reúnen a cortejar. El del Gallito de roca andino queda abajo de la casa: bajada empinada y con barro hasta un escondite desde donde se ve a pocos metros. Es mejor temprano.

1 hora · con guía baquiano
Recorrido por senderos dentro de la selva para buscar la rana venenosa de Lehmann, endémica de esta cuenca y en peligro crítico. Va con guía de la zona, incluye almuerzo y seguro.

Salidas de medio día
Los tramos de carretera arriba y abajo de la casa son parte del sitio: bandadas mixtas, patos de torrente en el río, rapaces sobre el cañón y las tángaras de la vertiente pacífica.
Dormir
El que se queda a dormir amanece con el Compás afuera de la ventana y está en los comederos desde la primera luz. El que viene por el día llega cuando el sol ya está alto.




Capacidad para ocho personas en cuatro habitaciones

Comida de casa, servida en el corredor
El menú se adapta a las restricciones alimentarias de cada visitante. Avísanos al reservar.

Espinaca, yerbabuena, toronjil, cilantro, tomillo, orégano y ají. De ahí sale buena parte de lo que se cocina.
A dos minutos
La familia abrió un nuevo espacio en el kilómetro 54, un kilómetro más arriba por la misma vía antigua. Dos minutos en carro desde la casa.
Los comederos están armados distinto: más espacio, más entrada de luz y los fondos quedan lejos. Para fotografiar cambia todo, porque el ave se separa del fondo sola.
La lista también es otra. Allá arriba está el Olive Finch, el silfo colilargo (Aglaiocercus kingii) y el colibrí cola de raqueta.
Hay cabaña privada, para quien prefiere dormir aparte. Se reserva directo con ellos.
Las aves
La cifra es de toda el área conocida como la Anchicayá, la ruta que incluye la casa y los tramos de carretera. De esas, 4 son endémicas de Colombia, 54 semiendémicas y 10 están amenazadas.
En eBird el sitio aparece como «Alto Anchicayá - El Descanso (Doña Dora)». La lista se actualiza con cada visita.

Semnornis ramphastinus
El ave de la casa. Propia del Chocó, se ve casi todos los días en los comederos.

Rupicola peruvianus
En el lek, a 700 metros de la casa, con escondite para fotografía.

Boissonneaua jardini
De los colibríes más buscados del sitio. Aparece en los bebederos con paciencia.
Y la lista larga: tángaras del Pacífico, tucanetas, pavas, cuchareros, trepatroncos, ermitaños y las bandadas mixtas que pasan por la carretera.
Galería
Fotos tomadas en la casa y en la ruta de la Anchicayá por los fotógrafos que han pasado por acá.
Compás posado de perfil
© Kevin Ocampo
Fotografías de Diego Ortiz, Kevin Ocampo, Juan Carlos Hincapié, Jaime y Alejandro Hurtado, Héctor Mauricio Londoño, Diego Jaramillo, Jayanth Sharma, Lina Ortega, Manuel Rendón, Mauro Ossa, César Olaya, Mary Yury Restrepo, Augusto Ilian, Elber Sánchez, Jairo Ernesto Gaviria, Julián Felipe Arbeláez, Óscar David Solano y Pedro Bernal.
Historia
Dora Alicia Londoño llegó al Cañón de Anchicayá en 1998, desplazada por la violencia, y levantó una casa a la orilla de la carretera. En 2010 puso una tabla con plátanos para las aves. Su hijo Elber escribió el libro que cuenta el resto.

Cómo llegar
La casa está sobre la carretera Simón Bolívar, la antigua vía Cali–Buenaventura, pasando El Queremal. Son unos 55 kilómetros desde Cali: hora y media larga de montaña.
El parqueadero es sobre la vía y se llena cuando llegan buses de grupos grandes. Si vienen varios carros, avísanos antes.
Contacto
Reservas, tarifas, grupos y fechas se coordinan directo con la familia. Lo más rápido es WhatsApp.
En Instagram avisan cuándo está cargado el Ficus. Vale la pena seguirlos antes de programar el viaje.